Storytelling
Cómo contar la historia de una escuela entre toda su comunidad
Directivos, docentes, alumnos, exalumnos y familias guardan cada uno una parte. El caso de Pueblo Niño: casi 150 voces, 300 páginas y 30 años de historia.
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Resumen
La historia de una institución educativa vive repartida entre cientos de personas. Por qué reunir esas voces es tan poderoso, por qué es tan difícil y cómo lo logró Pueblo Niño con MILA.
Una escuela no tiene una sola historia. Tiene cientos.
Está la del equipo que la fundó con pocas aulas y muchas ganas. La de la maestra que pasó treinta años en el mismo salón. La del exalumno que hoy vuelve a dejar a sus propios hijos en la puerta. La de las familias que organizaron la primera fiesta de fin de año. Cada una de esas personas guarda una parte. Ninguna la tiene completa.
Cuando una institución cumple 25, 30 o 50 años, aparece siempre la misma pregunta: ¿cómo contamos todo lo que fuimos? Y casi siempre la respuesta termina en un documento escrito por dos o tres personas del equipo directivo, con mucha voluntad y poco tiempo.
Una historia que vive repartida
Lo aprendí en carne propia. Cuando quise contarle a mi sobrino quién había sido su mamá, me senté a escribir lo que yo sabía de ella y llegué a dieciocho páginas. La historia no estaba en mí: estaba repartida entre padres, tíos, primos, amigas del colegio y colegas. Tardé un año y medio en juntarla.
Con una escuela pasa lo mismo, pero multiplicado. Directivos, docentes, personal no docente, alumnos, exalumnos y familias. Cada grupo recuerda cosas distintas, desde un lugar distinto. Y es justamente esa suma de miradas la que vuelve verdadera a la historia: cuando muchas voces cuentan lo mismo desde ángulos diferentes, aparece algo que ninguna voz sola puede dar.
Por qué es tan difícil que participen todos
La comunidad de una escuela es enorme y está dispersa. Muchos exalumnos viven en otras ciudades. Muchos docentes ya se jubilaron. Las familias cambian cada año. Las fotos están en cajas, en celulares y en grupos de WhatsApp que nadie sabe dónde quedaron.
Y nadie tiene tiempo para sentarse a escribir. Los formularios no se responden. Los mails se pierden. El equipo que organiza termina persiguiendo mensajes, juntando archivos y editando todo solo, además de sostener el día a día de la institución.
Por eso la mayoría de estos proyectos termina con pocas voces. O directamente no termina.
El caso de Pueblo Niño: 30 años, casi 150 voces
Para los 30 años de Pueblo Niño, Nilda, su directora, quiso que la historia la contaran todos. Invitó a toda la comunidad a sumar su parte: docentes, exalumnos, familias y quienes acompañaron a la institución desde el principio.
Participaron casi 150 personas. El resultado es «Recorremos 30 años de Pueblo Niño. Relatos que construyen caminos»: un libro de 300 páginas, con cientos de fotografías, hecho con los recuerdos de toda una comunidad.
Escuchar a Nilda contar lo que significó ese libro emociona. Aquí puedes verla:
Mira el caso completo de Pueblo Niño en MILA Educación.
Cómo MILA hace posible que participen todos
MILA le escribe a cada persona por WhatsApp, la aplicación que todos ya usan. Nadie instala nada ni crea una cuenta.
La institución decide qué preguntar y a quién: los recuerdos de los fundadores, las anécdotas de los docentes, lo que los exalumnos se llevaron, las fotos de cada época. MILA conversa con cada participante a su ritmo: pregunta, repregunta y acompaña. Cada uno responde como le resulta más cómodo, con un texto, un audio de voz o una foto.
Con todo eso, MILA arma las historias y les da forma de libro. El equipo revisa y edita cada capítulo antes de imprimir, y siempre puede volver a la conversación original.
Lo que antes llevaba meses de seguimiento, mails y reuniones se reduce a una tarea: invitar a la comunidad. MILA hace el resto.
Cuando participan menores, es un adulto responsable quien comparte sus fotos y sus datos. Cada persona decide qué compartir, y el contenido es de la institución para siempre.
Lo que queda después del aniversario
Un libro así no es solo el recuerdo de una fecha. Es el relato de la identidad de la institución, contado por quienes la construyeron. Sirve para recibir a las nuevas familias, para que los docentes que llegan entiendan dónde están y para que los alumnos de hoy sepan de dónde vienen.
Y pasa algo más: cuando cada persona lee su recuerdo junto al de los demás, descubre el lugar que ocupa en esa comunidad. Eso es lo que vuelve mágicas a las historias compartidas.
¿Tu institución está por cumplir años?
Si estás pensando en el aniversario de tu escuela, colegio o universidad, me encantaría ayudarte a que esa historia la cuenten todos. Agenda 15 minutos con nuestro equipo o conoce más en MILA Educación.


